El vino y el ron parten de historias y territorios distintos, pero comparten algo esencial: el ritual de reunirse alrededor de una copa. Esta obra explora ese punto de encuentro, incorporando el destilador, la caña y el paisaje como referencias a uno de los sabores más representativos de la cultura dominicana.
Más allá de su origen, ambos evocan momentos que se disfrutan sin prisa: tiempo compartido, buenos sabores y conversaciones que se prolongan alrededor de la mesa.
