Inspirada en La dama del armiño de Leonardo da Vinci, la obra traslada la elegancia y serenidad del retrato renacentista a un universo de referencias dominicanas. El armiño desaparece y en su lugar surge el gallo, una presencia familiar en nuestra cultura que cambia por completo la lectura de la escena.
La esencia del retrato permanece, mientras sus símbolos adquieren una nueva historia.
